La Ciudad Dorada

En el interior del Palacio de Congresos se encuentra uno de los atractivos contemporáneos más importantes de la provincia: el gran mural, de trescientos metros cuadrados, de la artista oscense Teresa Ramón.

Se titula La Ciudad Dorada y está dedicado a la ciudad de Huesca.

Concebido como un friso, con evidente lectura horizontal, se verticaliza hasta la luz cenital que lo ilumina.
Situándonos frente al mural, en la pared de veinte metros de largo y diez de alto, se distingue un grupo de figuras esquematizadas de ciudadanos que celebran la alegría de un hecho histórico para la ciudad.

Como símbolo de alegría, de bienestar y el progreso de la ciudad, encontramos representados los órganos sexuales, femenino y masculino.
A continuación, dominando el centro del espacio, dos pavos reales (a veces se encontraba alguno paseando por la calle del Parque) y, emergiendo de sus colas, la Madre Tierra que en las aguas azules alumbra a la ciudad de Huesca.

Inmediatamente después se sitúan varios signos religiosos (Virgen del Pilar, Santo Cristo de los Milagros, menorah judío) y el “Árbol de la Vida”.
Todo sobre el gran río, dispensador de vida, que fertiliza la ciudad.

A lo largo del proceso constructivo del edificio se sucedieron diversas modificaciones, y al construirse el muro en el que se abrió la ventana de Hodgkin, Teresa Ramón decidió expandir el mural en el ángulo izquierdo, con un gran ojo de iris geométrico en el que flota una pupila azul, en movimiento de luces y sombras, sostenida por una figurilla.

El significado de todo el conjunto parte de ese hilo conceptual al que se refiere el mismo nombre del mural. Huesca, ciudad dorada, llena de equilibrio, placidez, de tiempo que permite el conocimiento, la conversación, el trabajo creativo, que une industria y agricultura en una fraternidad amable, que propicia la investigación y el desarrollo tecnológico más avanzado.